miércoles, 3 de abril de 2013

La civilización emergente

La civilización emergente


Los contantes cambios tecnológicos por los que estamos atravesando nos colocan en una nueva estructura social, económica, política, educativa y cultural. En el artículo  presentado para desarrollar la temática que nos ocupa, el autor José J. Brunner, nos muestra un panorama bastante desalentador y con una visión mas que critica, catastrófica; sin embargo es posible inferir que el texto está acompañado de una descripción somera de los rasgos de la nueva civilización emergente, sin entrar a profundizar en ellos. Así las cosas, tenemos, que a pesar del advenimiento de la sociedad global y las nuevas formas de relación económica, cultural y humana en sentido estricto, la historia ha demostrado que en todas las épocas ha ocurrido cambios, que seguramente, igual que ahora, nuestros antecesores los percibieron con infinita incertidumbre.



Basta con hacer una mirada retrospectiva para indagar acerca de los hechos sociales, entendidos desde la teoría de Durkheim (1896) como las maneras de sentir y  vivir exteriores al individuo que ejercen un poder coercitivo sobre su conducta, en otras palabras son los componentes o caracteres que moldean a los individuos, este concepto, bien podría adaptarse para el presente análisis. Si bien es cierto que la tecnología y su desarrollo procuraron nuevas formas en cuanto a las estructuras que soportan lo social, también lo es que en todos los momentos históricos existieron innovaciones tecnológicas que permitieron cambios fundamentales e igualmente estructurales; por ejemplo, la invención de la rueda, permitió no solo un avance social, sino que a través de este “objeto” se crearon distintas herramientas de guerra, lo cual permitió la destrucción de culturas y el arrase de gran parte de la humanidad. Otro ejemplo, que podría citarse es la invención del automóvil o de la televisión, los viajes al espacio, etc. Que procuraron un acercamiento más rápido entre las culturas y el concepto de simultaneidad a través de los medios masivos de comunicación como la radio.



De lo anterior se desprenden varias ideas que soportan la hipótesis inicial, de una parte, los cambios estructurales han ocurrido a lo largo de la historia, de otra la naturaleza humana es dual, por un lado, destructiva y, por el otro creativa y humanizante; pero de todas maneras con una enorme capacidad de supervivencia y adaptación  a los cambios. Frente a la era de la globalización, aunque los cambios se realizan a  una velocidad impresionante, no dista mucho en cuanto a lo radical de su ocurrencia. Fenómenos históricos, como los ocurridos en el cambio de una época a otra, donde quizá los pobladores de otrora pensaron igual y no alcanzaron a adaptarse entre la estructura vieja y la naciente e incluso pereciendo en el intento, nos demuestran que el análisis no puede ser tan somero en el sentido de expresar las características que lo comportan.

Entrando en materia, la enunciación de los rasgos de la civilización emergente apuntan a enmarcar como factores principales de cambio los siguientes: la simultaneidad y la instantaneidad de las relaciones, el replanteamiento de  la relación del hombre y la naturaleza, la invención desplazada hacia el conocimiento del origen y evolución humana, el deseo de controlar el mundo sin más límites que los que otorga la ciencia y no lo “moral” y la subsistencia colectiva como factor imperioso, que involucra la necesidad de otorgar y ampliar sentido a las fenómenos. A primera vista, podría parecer algo nuevo dentro del avance de la humanidad, pero acaso ¿estos mismos rasgos no se han presentado en otras épocas?

Ampliando un poco la idea y, obviamente sin desconocer los incontables avances en lo científico, y con la claridad que el siglo XX produjo más invenciones humanas que en cualquier otro momento histórico y con mayor rapidez; no podemos descartar del análisis, el inmiscuirnos en lo más profundo de la naturaleza humana. Guardando las proporciones, que corresponden a la invención humana en cada época, cabe resaltar para esta reflexión que muchos de los rasgos presentados son comunes a todas las épocas, en lo referente al comportamiento de las relaciones humanas. Tomando los siguientes ejemplos, podemos apreciar la anterior afirmación.

La invención de la imprenta, fue una revolución que puso a disposición de la humanidad la información, luego los libros y por último la Red de internet que permite “conocer al instante”, la pregunta es: ¿con estas invenciones ha disminuido la violencia entre los seres humanos?, o simplemente asume otras formas, tal vez más sofisticadas si se quiere, pero no transformadoras del ser humano en su naturaleza. Si bien es cierto, que el internet cambio la forma de comunicarnos y de consumir, también lo es, que en el fondo la raza humana no ha cambiado su motivación de querer dominar la naturaleza y de paso a sus congéneres, esa es una constante histórica, sin importar con qué diferentes invenciones tecnológicas lo hace. Hoy en día con un solo botón podría desaparecer el planeta, pero también podría destruirlo lentamente a través del uso inapropiado de los recursos naturales, la diferencia radica en la rapidez; puede ser en un instante o a través del tiempo por el mal uso de lo natural.

Otro ejemplo, que podría dar luces al análisis expuesto es la invención de la rueda, luego el automóvil, el avión, las naves espaciales y todo artefacto que permite al hombre movilizarse, con ello se hace posible reducir cada vez más las distancias, transformar la economía, en fin;  pero en últimas ¿qué se modificó en cuanto a las relaciones humanas? Acaso ahora las relaciones son mejores, peores, iguales o simplemente diferentes por el medio que se utiliza para llegar a donde está ese otro con quién me comunico. Sin duda la internet ha puesto a disposición un campo fértil para comunicarse sin barreras, pero ¿la rapidez necesariamente involucra un cambio en la estructura de la relación entre humanos?

Es claro, que habrá cada vez más migración hacia los ambientes virtuales, se escucha en todas las esferas, que estar en internet no sólo es cuestión de adaptación, sino también de necesidad, pero lo mismo se adujo respeto al automóvil, al avión, el teléfono;  a las instituciones como la escuela, la política, el estado, etc. Y aunque seguramente habrá quién discrepe y se oponga a esta afirmación, es un punto que invita a reflexionar más allá de la simple arquitectura de internet y sus consecuencias en la vida cotidiana, social, económica y cultural.

Sin pretender presentar una postura reduccionista, el abordaje de los dos textos tanto el  de Brunner como el de Castells ofrecen sólo una alternativa: la descripción de una nueva forma de ver el mundo a través de una invención tecnológica humana la “red” o Internet, tal vez el segundo texto es más profundo, al describir incluso las transformaciones conceptuales de la cultura, pero igual no toca el trasfondo de la naturaleza humana y su devenir a través de los cambios. Las consecuencias de uso, tal como lo plantea Castell no deben ser proclamadas de antemano, sino estudiadas a partir de la observación práctica.
Pasará algún tiempo para que podamos medir su verdadera influencia en la relación humano-humano, hombre y naturaleza, siendo estás conjunciones las que verdaderamente determinan nuestra existencia, más allá de lo tecnológico y sus avances.




Cordialmente,

Janeth Triana Triana
Grupo 15 Bogotá.

1 comentario:

  1. Aunque planteas que Brunner presenta un panorama desalentador con una visión catastrófrica sobre los cambios que implican las nuevas tecnologías en la humanidad, considero que no se trata de una simple visión catastrófica, sino que de cierta manera hace algunas proyecciones no tan alejadas de la realidad, puesto que efectivamente los avances tecnológicos tienen muchos efectos positivos en la humanidad pero al mismo tiempo efectos negativos como lo son la desigualdad social, delitos informáticos, hasta el mismo individualismo puesto que cada quien se encierra en "su tecnología" dejando de lado algo innato en el ser humano y que tu misma mencionas la relación humano-humano y hombre-naturaleza.

    MARCELA TORRES RODRÍGUEZ. Bogotá 15.
    Sociedad de la información y el conocimiento.

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